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El día que dejé de seguir al Indio Solari

Cuando rondaba los 20 años, fui ricotero. Mis amigos me hablaron de Los Redondos y de un tal Indio Solari y allí fui con ellos, a vivir una cultura que parecía natural. Normal, esto es así o no te la bancás. Me compraron el rock de guitarras y el discurso independiente del Indio, Skay y la negra Poli. Ellos no querían hacer un show en un estadio grande, porque no podrían controlar a sus fans, su gente. Lo decían en los pocos reportajes que daban. Hasta que un día murió un pibe, menor de edad, Walter Bulacio. El primero, podríamos decir hoy con el diario del lunes. La culpa es de la policía, claro. Y esperé que el Indio, Skay, la negra Poli, lideraran ese reclamo de Justicia. Pasó un día, una marcha, dos, un año, y no, no lo lideraron. Pero tampoco lo secundaron. Simplemente se borraron. Leí que el Indio dice que pone una foto de Bulacio con la leyenda Justicia en cada recital. Ahora es fácil. Cuando lo mataron, desaparecieron. Se guardaron mucho tiempo, no dieron más recitales, y tarde mucho en procesar y aceptar eso. Que me habían defraudado, traicionado. Que no eran lo que decían. Y que yo, como un ingenuo, me había comido el discurso.

No escuché más su música, y empecé a advertir el por qué a quien quisiera escucharlo. Hoy miro para atrás, y no entiendo del todo por qué entré en esa cultura que toma como natural el reviente, que creció con los Redondos y se potenció con el Indio Solari. Tal vez es aceptable hasta cierta edad (la muerte del primer Bulacio fue a mis 21). Escucho con tristeza y bronca a fans que dicen que fue una fiesta, aún conociendo la noticia de los dos muertos. Nadie los puede culpar si vivieron una fiesta sin saber lo que pasaba a 500 metros. Pero una vez que te enterás, no hay fiesta posible. Seguís bailando y disfrutando al lado de un cadáver. Duele ese desprecio por la vida de los demás, pero los veo regresar en camión de ganado, y pienso que el primer desprecio que tienen es hacia la vida propia.

También hay gobernantes ineptos, improvisados, corruptos y torpes hasta más no poder, y se juntan con productores que llevan años haciendo shows pero nunca mejoran. ¿No saben o no quieren? ¿O no conviene mejorar? Medios que no reaccionan hasta horas y horas después, que improvisan teorías para llenar estancias de AIRE sin tener con qué, que dicen y cuentan víctimas sin chequear y que afirman que sabían que iba a pasar; lo dicen, claro, cuando ya pasó. La corrupción mata, la desinformación no educa, distorsiona la realidad. Tienen sus responsabilidades, casi tanta como el Indio Solari, pero quise hacer foco en los fans, porque si abrieran los ojos, como pude hacer yo desde mi decepción hace 25 años, todo lo demás no existiría, ni los muertos ni los heridos ni los debates estériles. Ni los recitales con el doble de gente que acepta el lugar.

Todos se sienten impunes para hacer y decir lo que sea, tal vez porque lo sean. O porque “no va a pasar nada”. Hasta que pasa. Y es demasiado tarde.