Todavía recuerdo esa sensación de caminar las seis cuadras que separan mi hogar del Nacional Avellaneda, y a menos de dos cuadras ir encontrándome con compañeros del colegio o de mi propia división. Y la cuadra final, cuando era necesario bajarse al pavimento para seguir avanzando. No tengo la menor idea de cuántos éramos, pero [...]







