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Lo atamos con scotch

No es una imagen trucada. Sí, es del subdesarrollo. Pero no de una provincia abandonada por el poderío económico, ni siquiera de un barrio alejado de las grandes luces céntricas. Ese cajero, agarrado con cinta de embalaje trasparente, y cuyas teclas apenas responden a la digitación del cliente, está en el Jumbo de Palermo.

Parece que ni el banco que lo tiene, ni Banelco, ni quien lo abre y lo cierra para trasportar caudales quieren hacerse cargo de su arreglo o reposición.

El dia que nos descubrimos frágiles

Como todo chico, en mi pre-adolescencia yo era muy ingenuo. Y cuando caminaba por las calles de Buenos Aires, y veía una operación complicada, que requería cierta pericia, confiaba en esos hombres y sus destrezas. “Son personas que están entrenadas para hacer eso”, decía yo mientras caminaba tranquilo debajo de una marquesina que era descolgada, sin que nadie cerrara el paso en la vereda, por ejemplo.

Pero un dia me di cuenta que no era mi ingenuidad la que creía eso. Era una creencia de todos los habitantes argentinos.

Cromagñon nos hizo abrir los ojos. Pero elegimos mirar para otro lado. En la ciudad hay pequeños cromagñones a cada cuadra, a cada paso. ¿En qué difieren con la tragedia de Cromagñon? En que no hay tres mil personas en un recinto en riesgo de morir, sino que tal vez sean tres, cuatro, diez. Y de ese total, por una marquesina que sea cae muere uno, dos con mucha desgracia, por una obra sin habilitación que comete una impericia puede morir otro más… pero son serán nunca tapa de diarios ni tema central de noticieros. No son asuntos que deriven en crisis políticas.

Así, el jefe de gobierno de turno estará feliz, tranquilo, y millones de habitantes de la urbe seguirán danzando con pequeños riesgos alrededor, que muchas veces conviene no mirar.

Cuando se quiere…

Subo al 103, colectivo que me lleva hasta mi oficina cada día que salgo desde casa. Me acompañan en la mano las dos monedas de siempre: una de 25 y otra de 50. “Setenta y cinco”, le pido al chofer.Clink, clink, caen las dos monedas adentro, pero la maquinola marca que recibió 50 solamente… presiono el botón para liberar monedas, y cancela la operación, pero devuelve solamente dos monedas de 25…Dudo apenas unos segundos, y resuelvo no protestar, le pido otro de 75, un poco molesto… el chofer me pregunta qué pasó, le cuento, y el tipo marca algo raro… Pongo los 75 de rigor, y me devuelve 25… el chofer había marcado 50 centavos, para cobrar sólo lo que correspondía…