Lo atamos con scotch

No es una imagen trucada. Sí, es del subdesarrollo. Pero no de una provincia abandonada por el poderío económico, ni siquiera de un barrio alejado de las grandes luces céntricas. Ese cajero, agarrado con cinta de embalaje trasparente, y cuyas teclas apenas responden a la digitación del cliente, está en el Jumbo de Palermo.

Parece que ni el banco que lo tiene, ni Banelco, ni quien lo abre y lo cierra para trasportar caudales quieren hacerse cargo de su arreglo o reposición.